viernes, 16 de octubre de 2015

EL MIEDO











Todo el mundo siente miedo, con más o menos intensidad, focalizado a una situación determinada o no, ante un peligro real o imaginario. Sin embargo, en ocasiones el miedo deja de ser adaptativo, para convertirse en algo que nos impide llevar una vida “normal” (aunque usted es quien decide que es una vida normal y que no lo es). Cuando el miedo ha llegado a ese límite podemos hablar de “fobias”.
Por lo tanto se puede dar una definición para fobia tan sencilla como aquel miedo que impide realizar y desarrollar nuestra vida tal y como queremos que sea.






Las fobias específicas son un tipo de trastorno de ansiedad, en el cual una persona puede sentirse extremadamente ansiosa o tener un ataque de pánico cuando es expuesta al objeto del miedo. Las fobias específicas son un trastorno psiquiátrico común.
Aunque este trastorno puede implicar cualquier tipo de situación, en la práctica clínica existen algunas más comunes:
Miedo a animales o insectos
De tipo ambiental (tormentas, precipicios, agua…)
Miedo a la sangre, heridas o inyecciones
De tipo situacional (ascensores, aviones, coche, utilizar baños públicos…)







La fobia social, se caracteriza por ser un miedo muy intenso, en respuesta a las situaciones sociales, en las cuales se ha de interaccionar con los otros.
Las situaciones que se temen se tienden a evitar, por lo que la fobia interfiere de forma muy grave en la vida de las personas. No estamos hablando de una simple timidez, que cualquiera de nosotros, puede experimentar en ciertas ocasiones, hablaríamos, quizás de una timidez extrema que impediría el transcurso cotidiano de la vida de la persona.
Entre las situaciones temidas por la persona que padecen esta fobia, se encuentran, hablar en público, iniciar y mantener conversaciones con gente nueva, enfrentarse a situaciones comprometidas en las que la persona debe hacer valer sus derechos, o dirigirse a determinadas figuras de autoridad. También puede temer hablar, o comer en público.




 La claustrofobia es el miedo a no poder salir de la situación si uno quiere hacerlo.
Definitivamente no calificaríamos la claustrofobia como el miedo a estar en un lugar cerrado. Muchas personas con claustrofobia pueden estar en este tipo de sitios. Más bien lo definiríamos como el miedo a no poder salir de la situación si uno quiere hacerlo. La claustrofobia es el no poder elegir ni el “como”, ni el “cuando” salir, y también implica la creencia de que algo catastrófico va a ocurrir si no lo consigo.
Cerca de un cuatro por ciento de la población padece este tipo de fobia en mayor o menor medida, y hay casos verdaderamente incapacitantes, en los que el trastorno dificulta muchísimo la vida cotidiana y limita en gran medida.



“¿Eso mismo sería capaz de hacerlo yo también en algún momento si perdiese el control?”
Las fobias de impulsión son menos conocidas, pese a que muchas personas lo sufren, hablamos de haber desarrollado un intenso temor a determinados pensamientos que puede llegar a tener el propio sujeto, como es el miedo a la pérdida de control del propio cuerpo o el miedo a volverse loco en un momento dado; esto nos puede estar sucediendo cuando pensamos que a causa de perder el control, física y/o mentalmente, podemos llegar a hacer algo de forma repentina que resulte ser tremendamente grave o irreversible, como hacer daño a otras personas con las que estamos, empujar a alguien a la carretera o vías de tren, saltar al vacío desde un balcón o lugar elevado.
 Puerto de la Cruz a 16 de octubre 2015

PAPÁ, ¿POR QUÉ LOS POLÍTICOS NOS ABANDONAN?









Papá, ¿por qué los políticos nos abandonan?

Papá, ¿por qué los políticos nos abandonan? Esta,  es la pregunta con la  que (atónito) salí de mi letargo matinal cuando me dirigía a realizar ciertos asuntos. Un niño de unos siete u ocho años,  le espetaba dicha pregunta a su padre bajo la atónita mirada del mismo. El padre tras proferir una retahíla de improperios hacia los políticos, concluyó “los políticos no valen para nada, si no saben ni solucionar sus problemas ¿Cómo van a solucionar los nuestros?”
Y esto señores, es el reflejo de la clase política actual y como sus acciones son percibidas por la sociedad.  Los niños no tienen capacidad analítica para decidir si unas medidas políticas les benefician o no, simplemente inhalan y exhalan el clamor social. Y el clamor de la sociedad actual no es otro que un descontento generalizado con la clase política y el
sentido de la misma.
Personalmente y como estudiante en aras de ser politólogo, me niego a creer que el verdadero sentido de la política tenga algo que ver con lo que actualmente vivimos. Tengo el convencimiento de que los actores políticos actuales están totalmente desvirtuados y degradados.
Me gustaría hacer hincapié en recordar, que la política, no soluciona problemas, sino que los regula, ya que una solución implica un contento generalizado, algo que es imposible. Es en esta regulación donde intervienen todos los actores políticos: clase política, medios y ciudadanos. Si bien es cierto que la clase política deja mucho que desear, este no es motivo para bajar los brazos y lamentarnos. Vivimos en democracia y la democracia es una inmensa  y compleja máquina, que para estar a pleno rendimiento, precisa de maquinistas que la hagan funcionar y sí, todos somos maquinistas.
Los políticos, en su gran mayoría instrumentos, se han instaurado en una cómoda posición que consiste en criticar a la oposición y darse baños de masas para recabar votos. Perdiendo así la identidad, el sentido político y los valores (que han desaparecido del escenario político), solo importa el número de votos. Han renunciado a la defensa de ideales y a conectar con el ciudadano. Como consecuencia de esta actitud, los ciudadanos se han ido distanciando del escenario político, cada vez mostrando menos interés, de esta forma el ciudadano se ha convertido en lo que el político pretendía, un títere desinformado. Un títere desinformado y cabreado, que ha sido adiestrado para atacar de forma sistemática cualquier medida que no emerja de su partido afín.
Los ciudadanos, como actores políticos, somos más determinantes de lo que solemos creer y jamás debemos ceder a las pretensiones políticas que se intenten imponer. El ciudadano democrático ha de interesarse por la política, informarse y participar de ella. Quejarse en Facebook y Twitter de lo mal que está todo, no es ser un ciudadano democrático y participativo. Un ciudadano democrático, tampoco asume todo el ideario de un partido y desprecia sistemáticamente contra el de la oposición, el ciudadano democrático razona y cuestiona cada decisión.
Por último añadiré que cada vez que desprestigiamos y menospreciamos la política, nos desprestigiamos y menospreciamos a nosotros mismos, porque todos somos parte constituyente e indispensable de esta. Por eso me gustaría hacer un llamamiento al cese de las quejas y animar a la participación activa. No hay que destruir, hay que construir y no hay que preocuparse, hay que ocuparse.  
                                                                                                                                                                                                                          ¿Qué es la política?

- Papá, ¿qué es la política?
- Hijo, imagínate nuestra casa: Yo represento al capitalismo porque soy el que trae el dinero a casa. Tu madre es el gobierno porque administra el dinero. La criada es la clase obrera porque se ocupa de las tareas más pesadas. Tú eres el pueblo porque gozas de los beneficios del sistema. Y tu hermanito pequeño es el futuro del país. ¿Entendiste?
- No papá, no lo entiendo.
- Bueno no te preocupes, ya lo entenderás cuando seas mayor.

Esa noche el niño es despertado por el llanto persistente de su hermanito.
Va a verlo a la cuna y encuentra que está completamente cagado y que alguien debería cambiarle los pañales.
Va a la habitación de sus padres a pedir ayuda y ve que su padre no está, su madre duerme profundamente roncando panza arriba y no logra despertarla.
Entonces decide acudir a la criada, entra en su cuarto y encuentra a su padre practicándole sexo anal.
Al día siguiente, el niño le dice al padre:

- Papá, anoche entendí lo que es la política.
- ¡Qué bien! Bueno, ¿y qué es?
- Mientras el capitalismo le rompe el culo a la clase obrera, el gobierno duerme panza arriba sin importarle nada. Al pueblo nadie le hace caso y el futuro está cagado hasta las orejas.
Puerto de la Cruz, 16 octubre 2015

TREPAS LLAMADOS POLÍTICOS








Políticos de profesión (trepas)
Generalmente mediocres, este tipo de personajes son los que menudean entre la mal llamada clase política, parasitando, copiando, emulando e inventando méritos que realmente no poseen, ocupando falsos espacios ya representados por sus ‘legítimos dueños’.
Carecen de una base ideológica sólida, suelen ser camaleónicos, inmaduros e incluso pretenciosos, alcanzando el grado de prepotentes cuando logran alcanzar ciertas cotas de Poder.
Suelen ser necios alejados de la realidad, mesiánicos por vocación religiosa y estrafalarios en sus ocurrencias teóricas, que muchas veces les lleva al paroxismo.
Los trepas, crecen a la sombra de los verdaderos líderes, se alimentan de su estela y aprovechan la menor oportunidad para ocupar su lugar, tejen marañas artificiosas que les permitan desbancar a todo aquel que se pone en su camino, difunden toda clase de rumores y medias verdades a diestra y siniestra, con el objetivo de encumbrarse en el Poder.
Por poner un ejemplo de poca monta y de fácil comprensión el trepa está bien representado en el escenario de España, por la señora Rosa Díez.
Cuando no pudo o no supo encaramarse en el PSOE, se inventó una serie de falsos argumentos y fundó un partido a su medida, que a la larga acabará integrando las filas del PP, dadas sus escasas diferencias afectivas e ideológicas.
Los partidos de masas carecen de criterios de selección de sus militantes
Dentro de la izquierda es donde mayor número de trepas y versiones del mismo se suelen dar, casos antinaturales, como el de José Bono y Francisco Vázquez llaman especialmente la atención, pero el PSOE ha aportado el mejor ejemplo en la historia reciente de España con el famoso caso Roldán.
Falso desde sus orígenes, carente de principios, carente de escrúpulos y de vergüenza, se permitió el lujo de alcanzar una de las cimas del Estado más delicadas y poderosas, sin que nadie se percatara ni pusiera el menor reparo.
Si alguien de forma individual es capaz de tamaña proeza, imagínese el lector de que serán capaces los amos del mercado, los grupos financieros, el Capitalismo Salvaje, que todo lo devora.
 Las náuseas no me permiten seguir escribiendo y los vómitos inundan mi teclado.
Puerto de la Cruz, 16 de octubre 2015