sábado, 28 de febrero de 2015

SOBERBIA EN LA POLÍTICA




El líder del partido toma las riendas, realizando un ejercicio de altivez y fanfarronería que implica grave desprecio y falta a la democracia y a las instituciones. Y máxime eligiéndose él mismo el cargo.

A ningún recién llegado a la política se puede enfrentar a otros políticos, refiriéndose que él hace lo que quiere y que no le va a mandar nadie, quizás tenga una obsesión enfermiza de sentirse superior a cuantos le rodean.

Propuestas hay pocas, el mutismo es total del programa político y las gestiones realizadas, encuentros con otras formaciones u Asociaciones de vecinos, Notas informativas etc. etc. Si me centro sólo en la clamorosa ausencia de esa sencillez que adorna a las personas inteligentes y a quienes están dispuestos a escuchar con respeto los mensajes ajenos, porque pueden mejorar y/ o complementar los propios y enriquecer el discurso político.

En lugar de ello el líder arrogante, demagogo y endiosado olvida algo tan simple que hasta el humanitario leonismo incorpora a sus señas de identidad: que el liderazgo exige una gran dosis de modestia y humildad y es incompatible con la soberbia, el engreimiento, la arrogancia, la egolatría, la altivez o la vanidad.

Un líder narcisista, fatuo o presuntuoso, con demasiado amor propio, convencido de la propia excelencia, admirador de sí mismo y enamorado de su persona, será siempre un líder deplorable. Y además, peligroso.

Puerto de la Cruz a 28 de febrero de 2015

 
Miguel Ariza Cabello

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