domingo, 30 de octubre de 2016

LA POLÍTICA ES EL PARAISO DE LOS CHARLATANES


-La política es el paraíso de los charlatanes.

Joan Miró. Silencio, 1968. Centre Pompidou. Joan Miró era una persona que miraba mucho y hablaba poco.
Identificar capacidad dialéctica con capacidad de actuación política es un error que cometemos a menudo, quizá por pereza intelectual, y que nos lleva al desastre.
El comunicador es un técnico que trabaja para quién le paga, como un fontanero, un futbolista o un militar. No hay ninguna razón objetiva para pensar que esa capacidad técnica lleve implícita la capacidad política, que es mucho más compleja y se fundamenta en valores éticos.
La política es el paraíso de los charlatanes. La frase que da título al artículo la tomé prestada del escritor irlandés George Bernard Shaw, Premio Nobel de Literatura 1925, miembro de la Sociedad Fabiana -uno de los cimientos del Partido Laborista británico-, y cofundador de la London School of Economics. Y entusiasta converso al vegetarianismo, por cierto, cuando tal práctica era cosa de minorías.
Lo peor, sin embargo, no es la ingente producción de los técnicos en charlatanería, sino el hecho de que que una parte substancial de la misma se sitúa al servicio de la infamia. El legendario canciller alemán Konrad Adenauer lo tenía claro:
En política, lo importante no es tener la razón, sino que se la den a uno.
El tono irónico con que Churchill decía lo misma cosa era literariamente más brillante:
El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene, y de explicar después por qué no ha sucedido.
El escritor Aldous Huxley, siempre buceando en lo más profundo de la naturaleza humana (Un mundo feliz, La isla, Las puertas de la percepción), no pudiendo soportar la vacua altisonacia de ciertos discursos, sentenciaba con contundencia:
Cuanto más siniestros son los designios de un político, más pomposamente noble es su lenguaje.
Sin duda, a Huxley le hubieran desagradado sobremanera esos tertulianos que, armados de tabletas de la última generación, convierten los debates políticos en combates de datos sesgadamente utilizados. A este respecto, Borges, tan cósmico él, declaraba lacónicamente:
La democracia es el abuso de la estadística.
Mucho antes de ese siglo XX en que habitaron los ilustres mencionados, los antiguos taoístas ya habían advertido de los daños generados por un uso pérfido de la dialéctica. El sabio Zhuangzi insistía en que las palabras eran herramientas muy limitadas:
Lo estimable en las palabras es la idea. Las ideas tienen una intención, pero la intención de las ideas no se puede expresar con palabras.
Sus advertencias, sin embargo, caían en saco roto. La gente seguía dejándose encandilar por las prédicas de los astutos charlatanes. Y Zhuangzi se lamentaba:
No se hace caso de las gentes honestas, y se estima a los pillos trepantes; se abandona la plácida naturalidad, y se estiman las enseñanzas de los charlatanes. Son estos charlatanes los que han transtornado el mundo.
Estas frases fueron pronunciadas hace casi dos milenios y medio. No se puede decir que, desde entonces, hayamos evolucionado mucho.
 josep@jmromero.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario