miércoles, 24 de junio de 2015

REFLEXIONES COMO PADRE








Si usted quiere que sus hijos tengan los pies sobre la tierra, colóqueles alguna responsabilidad sobre los hombros.

Solamente dos legados duraderos podemos aspirar a dejar a nuestros hijos: Uno, raíces el otro, alas.








Los hijos son las anclas que atan a la vida a las madres.





Hay que llegar a saber que los hijos, vivos o muertos, felices o desdichados, activos o pasivos, tienen 
 lo que el padre no tiene. Son más que el padre y más que ellos mismos.




Nuestros hijos son los fantasmas de nuestra descendencia. El hijo es el padre del hombre.

Antes de casarme tenía seis teorías sobre el modo de educar a los niños. Ahora tengo seis hijos y ninguna teoría.

Cuando los padres han construido todo, a los hijos sólo les queda el derrumbarlo.


Vive de tal manera que, cuando tus hijos piensen en justicia, cariño e integridad, piensen en ti.

Los hijos, cuando son pequeños, entontecen a sus padres; cuando son mayores los enloquecen.






Amar a la madre de sus hijos es lo que un padre puede hacer por sus hijos.






No le evitéis a vuestros hijos las dificultades de la vida, enseñadles más a superarlas.

Si una madre publicará los silencios que ha guardado, se volverían santos los hijos al escucharlos.

Los hijos aprenden poco de las palabras; sólo sirven tus actos y la tolerancia de éstos con las palabras.





La tierra no nos fue heredada por nuestros padres, nos fue prestada por nuestros hijos.

Pocas cosas resultan más satisfactorias que ver a nuestros hijos criar hijos adolescentes.






 Vuestros hijos no son vuestros hijos; son los hijos y las hijas de las ansias de vida que siente la misma vida.

Hijos chicos, chicos dolores, hijos mayores, grandes dolores.

Los hijos son tormento, y no otra cosa.





 Pero ante todo piensa en esta patria, en estos hijos que serán un día nuestros; El niño labrador, el niño estudiante, los niños ciegos.

Cuanto más pobre, más hijos.





 La injusticia es una madre jamás estéril; siempre produce hijos dignos de ella.






 Vale más tener doce hijos que doce millones. El que tiene doce millones siempre quiere tener algo más. El que tiene doce hijos siempre tiene de sobra.




 A tu hijo….. Enséñale a caminar y no reproches cuando tropiece para aprender o cuando se equivoca de caminos que no coincidan con los tuyos enséñale a hablar y luego no lo reprendas cuando deje de
repetir tus palabras para pronunciar las suyas.




 Enséñale  a pensar y no lo condenes cuando lo que piensas no coincida con lo que piensas tú.

Enséñale a amar y no te interpongas en su camino cuando el decida donde poner su corazón.





 Enséñale a ser libre y no pretendas cortarle las alas cuando el ensaye su propio camino.

Puerto de la Cruz a 25 de junio de 2015
Miguel Ariza Cabello

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